Imagina que es martes por la noche. El brillo del móvil es la única luz en el salón. Tienes un post a medio escribir en Instagram porque “tienes que estar presente”, mientras en la otra pestaña repasas un texto del máster. En el cuarto de al lado, tus hijas duermen esas “preciosas Sharito y Hannita” que a veces solo ven tus silencios y ausencias. Sientes que sostienes el techo de la casa con una mano y tu carrera autónoma con la otra.
Y de repente, llega esa pregunta punzante: “Si mañana se apagan las redes, ¿quién soy yo?”.
Ese vacío que sientes no es falta de ganas, es lo que en psicología llamamos un duelo por la pérdida de identidad. Has dejado morir a la profesional que amaba su oficio para alimentar a una “marca personal” que te exige ser perfecta en todo: madre, hija, proveedora y experta infalible.
La Cárcel del “Narrador” (Lo que dice tu cerebro)
La neurociencia nos explica que tu hemisferio izquierdo, ese “gran narrador”, ha construido una historia basada en reglas externas de éxito. Te dice que si no muestras tu vida, no existes. Te dice que trabajar para una empresa te daba un “escudo”, y que ahora, estando sola, eres vulnerable.
Ese ruido mental te genera un estrés medio que, si no cuidamos, puede convertirse en burnout, que no es otra cosa que una forma leve de vacío existencial. Tu cerebro no distingue entre lo real y lo imaginario, y siente la falta de “likes” como una amenaza a tu supervivencia profesional.
Tu GPS Emocional: El Camino de la Metamorfosis
Pero aquí es donde entra la resiliencia, esa capacidad de “renacer del sufrimiento” de la que hablaba Boris Cyrulnik. El duelo no es para recuperar quién eras, sino para permitirte una metamorfosis. No eres una “profesional de segunda” por no estar en una gran empresa; eres una profesional transcultural con un “capital vital” que nadie te puede quitar.
Aquí tienes tu brújula para hoy:
- Acción sobre pensamiento: No esperes a que el miedo se vaya para publicar o para crear. Como le dije a Arancha en su búsqueda, visualiza tu proyecto tu “horno”, siente su olor y da el primer paso en el territorio real, no en el mapa del miedo.
- Saca la “mancha del legajo”: A veces sentimos que nuestros errores son una cicatriz permanente. En TuResiliencia, aprendemos que esa cicatriz es la prueba de que sanaste. Corrección, no necesariamente sanamos, es una cicatriz que existe y eso justamente nos hace muy humanos.
- Abandona el estándar de la perfección: La perfección es el estándar más bajo porque es inalcanzable. Date permiso para ser una “madre e hija real”, no una de anuncio. “El dolor es necesario, pero el sufrimiento es opcional”.
- Crea tu propio respaldo: Ya no tienes una empresa detrás, pero tienes algo más fuerte: una comunidad nutritiva. El duelo se maneja mejor cuando es compartido y asistido por otros.
El Regreso a Casa
Hoy te invito a que leas este ejercicio frente al espejo: “Soy increíblemente valiente porque sostengo mi mundo mientras estudio y crezco. No tengo que ser perfecta; merezco compasión y descanso”.
No estás sola. Al igual que yo, estás aprendiendo a ser feliz entre las “dos orillas”: la de lo que dejaste atrás y la de lo que estás construyendo ahora. Tu valor no depende de un algoritmo, sino de la mujer resiliente que decide levantarse cada mañana.
Con amor y resiliencia.
Deissy Mayerly Olarte Moreno