Identidad trabajadora inflavalorada

Son las cinco de la mañana en Valencia. Mientras la ciudad aún duerme bajo el amparo de la noche, en las inmediaciones de la estación de Joaquín Sorolla, el ritmo es frenético. No es un ruido ensordecedor, sino un susurro constante de pasos apresurados. Luces de vehículos privados que recogen a trabajadores en las esquinas, la sirena lejana del primer tren de cercanías que comienza su marcha.

Entre la multitud, se encuentra Carmen. Ella no busca homologar un título universitario ni llora la pérdida de un estatus social. Carmen es trabajadora del hogar y de los cuidados desde que tiene uso de razón. En su país de origen, su situación económica no le permitió estudiar más allá de la primaria, pero la vida le enseñó a leer el polvo, a entender la estructura de una casa y a cuidar de los otros con una eficiencia que ningún libro de texto podría enseñarle.

A su lado, subiendo al mismo tren, va José. José es constructor. Es de esos hombres que entienden el comportamiento del cemento y el hierro solo con mirarlos. Su aprendizaje ha sido empírico, a golpe de herramienta y sudor. José no tiene títulos, pero es uno de los mejores oficiales de obra de la zona.

El “oficio de la necesidad” como pilar invisible

Como especialista en duelo migratorio, mi labor en TuResiliencia es acompañar a personas como Carmen y José a entender que su dolor y su esfuerzo no son invisibles, aunque la sociedad a menudo prefiera no verlos.

Existe una narrativa errónea que califica estos trabajos como “precarios” o de “segunda”. Desde una perspectiva ética y profesional, debo refutar esto rotundamente: no hay nada de malo ni indigno en trabajar en la limpieza, el cuidado o la construcción, solo por nombrar algunos oficios. Al contrario, estos trabajos son el engranaje vital que permite que el ciclo económico y social de España siga funcionando.

Sin las manos de Carmen, los hogares de muchas familias valencianas se detendrían, y el cuidado de los ancianos o niños se volvería insostenible. Sin la habilidad empírica de José, los edificios donde vivimos y trabajamos no existirían. Son ellos quienes sostienen el mundo físico y emocional de nuestra sociedad.

Resiliencia y Dignidad en la Madrugada

El duelo de Carmen y José no es por una carrera perdida, sino un duelo por la identidad trabajadora desvalorizada. Es el desgaste diario de un cuerpo que trabaja duro y la lucha política por ser reconocidos como ciudadanos de pleno derecho, no solo como mano de obra barata.

Ayudamos a dignificar su labor no solo a través de la búsqueda de mejores condiciones laborales, sino revalorizando su saber hacer. El conocimiento empírico de José es una maestría basada en la experiencia; el trabajo de Carmen es una gestión del cuidado fundamental para la vida.

Dignificar estos trabajos es un acto de justicia. Reconocer que sin ellos, la estructura de nuestra convivencia familiar y comunitaria se desmoronaría, es el primer paso hacia una verdadera integración. A Carmen, a José, y a tantos otros que madrugan en Valencia, no solo les debemos un salario justo, sino el mayor de los respetos por sostener la vida con sus propias manos.

Deissy Olarte – TuResiliencia