La migración forzada, específicamente el exilio de las mujeres colombianas, ha sido históricamente analizada como un fenómeno de movilidad humana o una cifra estadística. Sin embargo, desde mi labor en TuResiliencia, propongo una lectura distinta: el exilio es la prolongación de un continuum de violencias que no cesan al cruzar la frontera, sino que se refiguran en el cuerpo y la psique de quien se ve obligada a huir para preservar la vida.
El duelo migratorio: Más allá de la nostalgia
Frecuentemente se confunde el duelo migratorio con una tristeza pasajera. No obstante, estamos ante una experiencia acumulativa de pérdidas materiales y simbólicas. La “mochila del inmigrante” no solo contiene objetos; carga con la ruptura de los paisajes afectivos, el estatus profesional y la lengua cotidiana.
Cuando estas pérdidas se ven agravadas por la exclusión, emerge el Síndrome de Ulises. Es imperativo que, como profesionales y como sociedad, dejemos de patologizar este cuadro. El estrés crónico, la incertidumbre y la indefensión del exiliado no son síntomas de una enfermedad mental, sino respuestas coherentes y humanas ante un entorno profundamente hostil.
La violencia burocrática y la muerte simbólica
Uno de los puntos más críticos que abordamos en nuestro análisis es la violencia burocrática. La dificultad de homologar títulos, restitución de tierras, ser invisible al estado, ejercer la profesión de origen no es un mero escollo administrativo; es un ataque directo a la identidad. Para muchas mujeres, esto representa una “muerte simbólica”: la anulación de años de formación y reconocimiento social, sindical.
Esta exclusión institucional profundiza el desarraigo y refuerza la idea de que la migrante es solo una mano de obra precarizada, despojándola de su historia y de su saber acumulado.
Resiliencia como categoría política
Frente a este escenario, la propuesta es clara: la resiliencia no es una consigna de superación personal, sino una forma de resistencia política.
Desde una perspectiva que integra la ética teológica y el acompañamiento psicosocial, entendemos que la reparación no consiste en “superar” el dolor para volver a un estado previo que ya no existe. La reparación es una metamorfosis. Es la construcción de una identidad transcultural que habita entre dos orillas y que transforma el dolor en capital vital.
Una invitación a la justicia, no a la asistencia
Acompañar a las mujeres en el exilio exige transitar de un modelo asistencialista a uno de justicia restaurativa. No son víctimas pasivas; son sujetas políticas y constructoras de pazes cotidianas.
Nuestra labor consiste en facilitar espacios donde el duelo deje de vivirse en la soledad del anonimato y se transforme en una narrativa colectiva. Solo cuando validamos la experiencia de la mujer migrante como una fuente de saber y dignidad, podemos hablar de una verdadera integración. Porque al final, exiliarse para seguir vivas es, ante todo, un acto de fe en el futuro, una única opción y una afirmación inquebrantable de la propia existencia.
Deissy Olarte – TuResiliencia